- No deberíamos comprar. No tenemos dinero
Mostró un leve atisbo de haberme escuchado y siguió adelante. Daba vueltas por el cuarto realmente apurado; levantaba cosas y hasta buscó debajo de la cama y de algunos muebles cercanos. Me quedé parado con los brazos sueltos, como inertes, mientras se movía inhumano. No me escuchaba y no lo iba a hacer, yo no existía. Para él, era como si tratara de negarle tomar agua. Se había transformado en la esencia misma de la desesperación. Un homo no sapiens sapiens que buscaba hambriento su objetivo.
De pronto encontró su billetera, la cual yo había escondido atrás del mueble del televisor (y ahora que lo pienso fue un pésimo escondite). Se paró y me miró emocionado.
- ¿Vienes o no?
Andábamos en bicicleta. Estábamos ya a media cuadra de la casona vieja, en la esquina que le dijo que estaría. Frenamos lentamente mientras la corriente de aire enfriaba nuestro sudor. Si no sabría lo que iba a pasar te diría que era un gran día. Lo era. El sol brillaba fulminante: hermoso verano. De pronto vimos al sujeto que le vendía a mi hermano. Su cuerpo era como un cuadrado dibujado por un chibolo del jardín de niños. Un gorro de lana cubría su cabeza y su apariencia maltrecha. Parecía que le faltaban mechones de pelo; el resto se escabullía por su gorro mal puesto.
- ¡Ahí está! No nos va a esperar un segundo más.
Si nos iba a esperar. Mi hermano no quería esperar. La adicción era fuerte. Quiero amarrarlo a un árbol y dejarlo ahí hasta que se le pase. Traerle comida y agua varias veces al día y así, como dos semanas después, estaría libre de toda enfermedad psicológica. Pero no es así de fácil: no puedes amarrar a alguien aunque sea miembro de tu familia. Encima es más grande que yo; igual, si lo hiciera y lo lograra, se pondría a gritar…¿Y si le pongo algo en la boca? Cuando se la destape para comer gritaría. Mi madre se preguntaría dónde está: en algún momento alguien me cagaría. A parte, era inevitable, estaba curioso por saber como se sentía.
Ya tiene el paquete; nos vamos.
Hace dos días fue la primera vez que probé. No pensé que sería tan rápido pero pronto era lo único que quería. Vivir para flotar, como él, era una mierda. No lo era cuando lo hacíamos. Eso era volar. Era el cielo, de frente y sin huevadas. Pero luego venía el infierno. Lo peor de todo el mundo a la vez; la escoria de vivir, de existir. De mierda ¡Existir, puta madre! Voy dos días sin nada. Nada. Ni mierda. ¡Ni mierda mierda mierda mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
No teníamos dinero para comprar más. Mi hermano gastó lo último para lo de la otra vez. Pero no hay problema, me contó el plan. A mi también se me había ocurrido pero el lo dijo, lo tenía pensado y todo listo. Vamos a esperar en el callejón de aquí a diez cuadras de la casa. Mi madre no se va a enterar, nadie nos puede ver; tenemos capuchas y un par de pasamontañas negros, como en esa película en la tele. Esperamos a que pase alguien, nos ponemos el pasamontañas y… ya está. Hecho. Lo tuvimos que golpear. Se cayó de rodillas. No soltaba la casaca de mi hermano y le di uno en la cara tan fuerte. Le di dos más para asegurarme. Estoy seguro que le rompí la nariz. Segurísimo. Nunca vi tanta sangre desparramada en una vereda. Mentira, pero en verdad había mucha. Regresamos cerca a la casa. Mi madre no estaba, no volvía hasta mañana de su trabajo de enfermera.
El cielo. Siempre el cielo. Siempre. Es increíble como algo puede ser tan bueno. Es religioso. Es un milagro. Es de la puta madre. Es el cielo siempre. No necesitas nada más, pero ya han pasado varias horas y de nuevo. Aún nos queda, le metemos un poco para calmar y dormir.
Despierto, tengo un poco de ganas. No puedo seguir haciendo esto. Nos van a atrapar. Solo una vez más, en otro callejón. Pasan dos señores, mucho rollo. Pasa un chibolo. Se deja robar, como si nada. Levantó las manos y lo saqueamos. Le devolví su billetera después de quitarle todo el dinero. Me llevé su celular pero se me cayó y se rajó la pantalla cuando nos fuimos corriendo. Una mierda, nos dieron veinte soles menos. ¡Qué vida de mierda a veces! A mi hermano se le cayó un diente. Es la droga. Mi madre que no se da cuenta; por suerte es uno de los de atrás. Es una imbécil. A mi me da demasiada risa como se ve. A él le revienta. Quiere ir al dentista. Me río y le digo:¿Con qué plata?
No sé que hacer, no me importa mucho. No he podido pensar bien. Siento que mi vida solo sigue. Que es como una piedra rodando una colina; que ya está bajando y nada la podrá detener hasta que caiga al fondo. Pero hoy toca unirnos al cielo. Ver ángeles tocando guitarras eléctricas en un concierto en el centro. Es mejor cuando lo hacemos en un parque, pero igual, siempre es bueno. Siempre mierda siempre. Siempre. Siempre. Siempre siempre siempre. ¡No tienes idea! Te encantaría ¿Para qué esto o aquello? Uno vive y uno muere. Prefiero morir en el cielo que vivir en el infierno, al igual que cualquiera.
Se me aflojó un diente. Eso si que es una mierda. Acuérdate de lo que te digo, guárdalo en tu mente. No te dice mucho pero guárdalo siempre. Mejor morir feliz que vivir triste, como un imbécil, siempre.