jueves, 10 de julio de 2014

Niebla, y otros asuntos grises


Al desaparecer la noche, la luz se coló entre las cortinas; acumulose, y poco a poco trepó hasta rebotar en sus ojos. Disipó lentamente la niebla de su mente, y una vez consciente, al rodar en la cama, se dio cuenta de una alarmante noticia: no estaba en su cuarto. Se irguió apresurado y revisó a su alrededor, puso un pie afuera de la cama y entre revolcones cayó al piso, atrapado por la colcha. Se despojó de los harapos y se detuvo repentinamente en mitad del cuarto.
Ayer durmió en su cama, se decía, ¿pero dónde estoy? Dio una vuelta y abrió la puerta. Estaba en pijama, no la suya. Recorrió la morada hasta encontrarse una sonrisa amable que cruzó veloz, y luego volteó para darle un abrazo cuál rechazó suavemente. "Aj" dijo la joven molesta, y bajó continuó su camino sin mirarlo. Entonces una señora empijamada se paró frente a él.

- ¿Bajas a tomar desayuno? - le dijo mirándolo a los ojos.  

El silencio se apoderó del momento, atinó a decir "ya voy" a la cara extrañamente amistosa. Entonces bajó, intuyó por el sonido dónde quedaba la mesa y se sentó lentamente frente a un grupo de extraños. Había lo que parecía ser leche, pero de otro color. Diversos panes nunca antes vistos, mantequilla roja, jamón azul, queso ¿Pero cuál? y tamales. Decidió no agarrar nada y al pasar el rato lanzó con dificultad la siguiente pregunta: ¿Qué, qué cómo así estoy aquí? 
Un silencio sirvió de introducción a risas.

- ¿Eduardo qué te pasa? - dijo la joven. 

- ¿Dónde hubieras dormido? - Le dijo la señora. 

- Creo que están confundidos. 

- ¿Qué has hecho ayer ah? - le dijo el señor, que hasta entonces se había limitado a comer en un estado letárgico. 

- ¡Nada! Ayer estaba en mi casa y dormí temprano y.

- No parece - dijo el señor riéndose. 

La joven se rió de nuevo, la señora sonrió y le dijo "Eduardo, ¿Qué te pasa?". El señor quiso dar eco a otro  "¿Qué te pasa?", pero lo interrumpiste. 

- Yo no me llamo Eduardo.





Subió y se echó en la cama, todo revoloteaba en su cabeza. Cuando lo pensaba, tenía menos y más sentido a la vez. Esa no era su casa, pero ¿dónde estuvo ayer? lo que recordaba se diluía, y mientras más se esforzaba por recordar, el ayer se resbalaba de sus dedos como agua, dejando tan solo gotas.  "Ayer dormí en mi cama, ¿pero como era? Era más grande ¿Cuánto más grande? ¿Era king-size?". 



Buscaste tu ropa pero no encontraste nada familiar. Bajaste y preguntaste si habías venido con algo.

- Ayer con tu casaca y un jean. 




Trataron de preguntarme más cosas, pero subí de inmediato. Saqué la casaca y me puse un jean. No míos.  Antes de salir, pregunté donde estábamos. Nunca había escuchado el nombre. ¿Y dónde queda? a ya. Salí sin más y después de caminar varias cuadras pedí un taxi a mi casa. No sabía donde quedaba. Pero en primavera con encalada. Puta en Surco. Nada. ¿Dónde mierda estamos? ¿Acaso no es Lima? Me miró extrañado y desapareció de mi vista. ¿De dónde es su acento? Me suena tan común, todos lo tienen. Paré otro Taxi. Nada, no conoce. No importa. 
Me senté en la berma. Pasaban los autos, todos eran extraños ¿Ni un solo Yaris? Entonces cerré los ojos y dejé que el zumbido motorizado inunde mi mente.

Bruuuuuuoooouuumsssssss.

Bruuuuooums Bruuuouums. 

Traté de recordar lo que había hecho anoche: dormí en mi cama. ¿Pero cómo era mi cama? Me recliné en la vereda para pensar, pero de pronto los peatones, sus ropas, sus caras, sus colores ¡no! Pegué un grito ahogado y huí ¿pero a dónde? Entonces un sonido atrapó mis orejas, encontré un celular en el bolsillo de mis mangas; 

- Eduardo ¿Qué te pasa? ¿Has fumado? - su voz era cálida, demasiado cálida. 

- No.

- Te espero en la casa. 









Aunque había caminado varias cuadras encontré el camino fácilmente. Llegando, sentí que todo iba a estar bien, todo, todo, todo iba a estar bien. 











El Djin de Humo y el Mercader



Sentado frente a un río, en el medio de un bosque, un Mercader y su hijo reposaban de un largo viaje. De una valija vieja que compró en una tienda de remate, saco una pipa dorada y la prendió. Repentinamente, del humo, un Djin se materializó dejando bruma espesa que cubrió como manta la orilla del río.
- ¿Qué buscas en esta vida, mercader? - dijo omnipotente
- Busco dinero - su voz tembloroso
El Djin Miró al Mercader con ojos inexpresivos, negros; los animales de alrededor de pronto enmudecieron y solo el pasar de las aguas y el respirar del viento se escuchó. Apretando sus enormes cejas, el Djin sopló mil monedas de oro al cielo que pesadas cayeron bajo la bruma, y en ella misma, él desvaneció. 

El mercader atiborró su maleta rápidamente; al verla llena, sacó un mapa, y en su espacio cupieron diez monedas. Removió su espada incrustada de diamantes, y en la funda entraron veinte. Abandonó una botella de medicina, por la cuál colaron treinta. Pero al ver todo el brillo entre la niebla, le dijo a su hijo que se quede a cuidar. El hijo temblaba temeroso, tan solo 11 años de vida.

- Eres un hombre? o tan solo un huevo - le dijo su padre y luego partió con la carga a su aldea. En casa, vació su maleta, y presuroso corrió al bosque nuevamente. Horas habían pasado pero a lo lejos, vio a su hijo sentado aún, temblando. Su hijo al verlo corrió hacia él, pero cegado por la bruma cayó a la corriente que lo arrastró hasta perderse de vista. La espesa bruma creció hasta y cubrió el cielo entero hasta ocultar la luna, y dejar un trazó una enorme, línea oblicua, semejante a una sonrisa.