domingo, 29 de septiembre de 2013

Dos antenas & Alan Barriga



Por las escaleras subía lentamente. Evitando hacer ruido, moviendo sus decenas de patas flacas, duras y puntiagudas como puntas de lapiceros, que lentamente rayaban el piso de madera de la casa. Arriba el joven leía pacientemente una novela, sin saber, que poco a poco, el asqueroso bicho se le acercaba.
 Había olido al hombre desde la calle, y pasó entre la reja que protege su casa, para luego trepar por la pared y escabullirse por una ventana a medio abrir. 

Era ciego, su cabeza roma y su caparazón oscuro desplegaba dos antenas largas que tocaban todo, como la lengua de una serpiente mientras avanza. A través de ellas, por varios y pequeños orificios, olía el sudor del joven, su hedor corporal, el alimento que habían ingerido y su aliento cítrico. Eso lo excitaba, aunque sabía que no podía moverse más rápido de lo que ya se movía. No era la primera vez que mataba a un hombre, son presas grandes y listas. Saben escabullirse. Corren, golpean y gritan. Pero no le importa, sus patas se encargaran de eso rápidamente. Su ancho, como el de una papaya madura, desliza hacia arriba su cuerpo que de lejos parecería una manguera. Mil dedos erizados lo ayudan a deslizarse hacia su presa que ahora duerme plácidamente. Tic tac tac tac tic tic tic tic tac tac tic tac.  Sabe que está cerca, oye su corazón latir. Se acerca suavemente, trepa el sillón y comienza a abrir su boca, ancha y redonda, con varias filas de dientes como agujas que rodean todo el contorno de su boca y las profundidades de su ser. 



Las autoridades solo encontraron cortes en el sillón y sangre. Era la quinta vez este mes que un hombre desaparecía en el mismo distrito. El caso se repite: una persona está sola en su casa, desaparece dejando un grave rastro de sangre y pedazos de ropa mojada. En una casa se halló una gran masa hedionda y marrón oscuro, larga. No supieron que animal lo había hecho, un par de fotos fueron tomadas y un practicante tuvo que buscar en Google imágenes de distintos excrementos. Los vecinos se alarman y la prensa amarillista aprovecha los incidentes para publicar imágenes y noticias que vendan. 

“El chupacabras acribilla de nuevo”. 

“El monstruo maldito”. 

Por ahí, uno de los más exagerados, aduce que el ex presidente Alan Barriga se convierte de noche en hombre lobo y se alimenta de una pobre alma.  

- No puede ser Alan - dijo Perez seriamente- Es muy gordo para trepar. 

Subieron un piso hasta llegar a la puerta de la sala, que yacía abierta. Un sujeto los invita a pasar. 

- Nadie vio nada. El “wachiman” se quedó dormido, seguramente. El weon dice que no sonó nada. Ni un grito. 

-Debe estar en drogas, o alguien nos está jugando una broma. Solo queda sangre. 

Se encuentran en una sala pequeña con un televisor grande. El sillón de apariencia vieja está completamente manchado de sangre y hay cortes. No se sabe si los cortes estaban antes o después de lo que sucedió. 
Wilman levanta un pedazo de ropa magullada. Una sustancia viscosa y transparente parece envolverla. 

- Esto es lo más raro que he visto en mi vida. Nunca he tenido un caso así. 
Mete el resto en una bolsa “ziplock” y baja las escaleras. Ve una hilera de sangre que se arrastra por ahí. Y puntos. Muchos puntos rojos. 
- ¿Que mierda es esto? 
- Nadie lo sabe ¿Porque alguien se pondría ha hacer puntos?
- Vámonos, esta mierda es asquerosa.
- Espera, el capitán quiere una prueba de una vez. El hombre que mataron era político y ya los periódicos están hablando. Dicen que Alan lo tiene “coimiado” para que encuentren al asesino, huevadas ¿no? Ya veo mañana en el titular la cara de Alan atragantándose al difunto. Seguro al gordo le jode lo de las fotos. 
- No creo que tenga alma, así que seguro no le jode. Ahora, pensandolo bien, quizá sí fue él el que se lo comió. 

Se ríen un rato pero rápidamente se dan cuenta de lo maliciosa que es la situación en la que se encuentran y deciden salir de la casa, sin decir una palabra más. Se suben al carro policía y arrancan. Perez maneja. 

- ¿Y si es Alan Barriga? 
- Deja de joderme con eso. Es imposible que pase entre las rejas. -A menos que el huevón trepe- rectificó y se quedó pensando mudo, viendo a la gente pasar. 

- ¿No has escuchado esa historia de que lo persiguieron para arrestarlo y Alan saltó de techo en techo para escapar?
- Claro. Pero ahora está muy gordo.

El carro policía se estaciona bajo una palmera para que el sol no les moleste la vista. Querían apagar la radio que los comunica con la central, es un sonido insoportable pero luego de años de patrulla se vuelve un mal necesario; encontraron la manera de bajarle el volumen hace unos días y eso ayudo en algo. 

- ¿Sabes más de los otros casos?
- La misma mierda. Aunque este si va a dispararse como cohete: era congresista. La prensa se va a volver loca. 
Perez lo mira a los ojos para hacerle notar que no ha respondido su pregunta. 

- Te digo -continuó- los casos son parecidos. Un hombre que está solo y desaparece. En un caso de los cinco que hubieron se escuchó un grito infernal. El “wachiman” se despertó y fue a ver. El pata ni siquiera sabía de que casa había sido. Estamos cagados, te lo aseguro. 

- No. Alan Barriga está cagado

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