miércoles, 2 de octubre de 2013

La bola de billar negra

Estaba yo en mi cuarto, como siempre, echado sufriendo una terrible asquerosa maliciosa resaca que hacía que me duela la cabeza con tan solo mirar afuera por la ventana y desenfocaba mi visión cuando hacía el mínimo esfuerzo para concentrarme en cualquier cosa. Leer hubiera sido imposible. En eso recordé una pequeña bola negra que vi ayer... ¿Una bola negra? como de billar... ¿En qué momento fue eso? 

Ya, estaba en el bar que tocan death metal a eso de las diez y me quedé hasta las once y algo porque nos fuimos ¿Quiénes? no recuerdo. Estaba Carlos y también Jorge, no los veía hace un culo de tiempo y menos aún juntos. Sí, era ese grupo de amigos... y yo me quería ir porque me iba a encontrar con Daniela en el bar Rojo a eso de las 12 y algo, iba a llegar tarde para que ella este borracha y yo menos. No salió así, yo estaba ya muy borracho y solo eran las 11.

Daniela, pelo largo negro en ondas hermosas nariz medianamente redonda y respingada y tes blanca como la maldita nieve que nunca en mi vida he visto (excepto en algún programa de televisión). A Daniela se le ha dado por lucir su curvatura (que no es waw) en ropa gótica, en un estilo que resalte la onda hipster que ya viene arrastrando un tiempo. Me encanta, no podría encantarme más, especialmente desde que se puso ese arete en el labio superior y varios más en las orejas. ¡Cómo sea! a eso no iba... llegué al bar Rojo, llegué a Daniela y me le acerqué, me abrazó, le planté un beso en el cachete como saludo de entrada y sin vergüenza (dios que genial es no tener vergüenza para esas cosas) aunque sea gracias al alcohol, claro. 

Ya... ¿Pero qué pasó?... claro salimos del bar como a las dos a concretar lo que mi canción favorita de este año (get lucky) canta. Es decir: tener la suerte de que una chica guapa atraque ir a un hotel y disponer de sexo medianamente salvaje. Pero no llegamos... no debí haber tomado tequila. Ni cagando debí haber tomado tequila. 

Nota mental: no tomar tequila después de tomar otros tragos.

No mierda... le vomité... claro ¡Le vomité! Y el taxista. Ya claro, estuvimos en la calle un rato, ella limpiándose y ni había un grifo cerca y a penas pasó un taxi se fue. No se hizo tanto roche por lo de vomitar, por suerte, es una guerrera esa mujer concha su madre cómo amo a las guerreras. Pero no quiso regresarse conmigo, la entiendo, yo tampoco hubiese querido. 

Ya... la pelota ¿Dónde mierda fue eso? Me quedé caminando un rataso porque por mi aspecto nadie me quería recoger, hasta que entré a un grifo... claro, y me lavé. Un poco al menos ¡ja! Tengo un par de fotos en mi celular hecho una mierda en el baño del grifo. A ver... sí. Pero la pelota ¿En qué momento? no fui a una mesa de billar, ni cagando, nunca he ido a esas huevadas. ¡Aaaah! ¡Ya! claro. Salí y me metí por un callejón para cortar camino y un huevón me metió un puñete en la barriga, me quitó... ¡No me quitó mi ceeeeel! ¡No me quitó mi ceeeeeeel mierda no me quitó mi cel! Qué huevón para ser ratero al menos buscas todos los bolsillos. Su polo, su polo tenía una bola de billar negra con un ocho. Concha su madre. 


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