Esto no debería escribirlo ni mucho menos contarlo. Pero aquí estoy. Seguramente me arrepentiré.
Estoy usando mi máquina de ecsribir y está es la última hoja que queda. No volveré a escribir esto: salga como salga. Espero que el lector crea al menos que lo viví, no tengo razón para mentir. Más bien. Podría la iglesia hacerme, si es que lo encontrara… pero dios como testigo ¡Lo único que quiero es esxplicar lo que pasó y nada más!
El día de ayer transcurrió normal hasta la noche. Fui al bosque, pase por él en verdad, y la ruta estaba particularmente vacía. La caminata era larga y la noche era oscura. El clima estaba de humor: lloviznaba. Una niebla cegadora, como las de los inviernos más fuertes, me rodeaba. Iba por la mitad del camino de tierra cuando vi a una mujer encapuchada. Es poco común que una joven esté en el bsoque sola. La luna ni se veía.
Me acerqué a saludarla. No he hablado con una mujer hace mucho a menos que sea para un asunto del señor. Dios sabe que le he sido fiel.
No podía ver su rostro porque estaba mirando al horizonte. De pronto, desenvolvió la lengua y la movió circularmente, como saboreando el aire. Era realmente larga, su lengua. Me quedé impactado y sinceramente, curioso. Nunca había visto a una mujer o a alguien comportándose así. Me acerqué dos pasos y le dije hloa, “hola”. Se demoró un rato en volvteear, y con la carente luz no había notado que su piel era de color gris oscuro.
Me quede inmóvil. Ella volteó y me miró fijamente. No era normal, estaba asustado pero s atraído. De pronto se quitó el velo y pude ver su cuerpo lleno de protuberancias de color escarlata y amarillo, como cuernos, que salían de varias partes de su figura humanoide. Me mantuve parado mientras ella se acercaba y sonreía. Tenía deintes realmente afilados, grandes, pero su cuerpo. Me ganaba la tentación, era inevitable verla. Levanté los brazos en una posición que me hacía sentir más seguro, cubriéndome y a la vez listos para reaccionar ante cualquier emergencia. Ella se acerco con los pies descalzos entre las piedras frías y suavemente puso su mano helada en mi espalda; un brazo alrededor de mi cuello. Me lamió la nuca con su lengua larga, delgada, aspera como la de un gato y tibia.
Me estremecí: todo mi cuerpo; es vergonzoso pero sentía atracción. Recuerdo que lamió mi oreja e introdujo su lengua en ella. Me frotó la espalda con sus pechos y sentí sus extensos pezones erectos a través de mi ropa.
Antes de que me de cuenta, se perdió en un matorral espeso. Cerré los ojos y los abrí varias veces, grité para ver si me respondía. Fui a buscarla sin éxito. Es posible que haya sido una alucinación, pero nunca… fue muy fuerte. No he tenido problemas así antes. Hoy fui al bosque, al mismo lugar. Di un par de vueltas y no la encontré. Volveré esta noche; qué dios me perdone.
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